Los antiguos mudéjares murcianos configuraban una comunidad perfectamente integrada en la zona del valle de Ricote. Caracterizados por su pacífica convivencia con la población cristiana, su arraigo a la tierra y a su círculo laboral y social, así como por la pérdida de su conciencia de raza, intentaron evitar por varios medios no ser expulsados del reino murciano. Incluso se ofrecieron para ayudar a sofocar los levantamientos de los moriscos valencianos, llevaron a cabo rogativas y procesiones para demostrar su cristianismo, se hicieron oír en la corte a través de sus valedores...etc., pero todo esto únicamente les sirvió para atrasar la ejecución del decreto de expulsión un año, siendo los del valle de Ricote los últimos en salir de la Península Ibérica. Sin duda fue una gran pérdida, de una población que disfrutaba de un elevado grado de integración y de una buena convivencia, como muy bien indica el detallado informe de Fray Juan Pereda sobre los mudéjares del reino murciano.

Desde el punto de vista demográfico supusieron, en mayor medida que sus hermanos de raza granadina, una gran pérdida para un reino despoblado, abandonándolo un 8% de su población. Pero esta cifra nos muestra las pérdidas humanas a nivel general del reino, siendo estos efectos mucho más importantes en aquellas zonas habitadas masivamente por los antiguos mudéjares murcianos. Un ejemplo es el caso de Blanca (valle de Ricote), considerando que entre 1609 y 1613 esta villa tuvo unos 908 vecinos, siendo la mayoría moriscos, de los cuales fueron expulsados un 75%. Por lo tanto, se puede decir que Blanca quedó casi despoblada tras la deportación, mientras que en el total del valle de Ricote residían 2.954 moriscos frente a 78 cristianos viejos, mayoría que se repite en zonas como Socovos, Puebla de Mula, Fortuna, Ceutí, Lorquí, Archena, Abanilla, Pliego,etc. Aunque la recuperación en el valle de Ricote fue aceptable, gracias a las repoblaciones cristianas, los niños moriscos que quedaron bajo familias cristianas y que después volvieron o los regresos de moriscos escondidos en la sierra. Pero, a pesar de esto, los efectos negativos fueron destacables tanto en el valle como en el resto del reino.

Consecuencia de esto, desde una perspectiva económica, es que una cifra tan elevada de pérdida de mano de obra debió resultar catastrófica. Los moriscos murcianos eran unos excelentes horticultores y labradores, muy activos y cualificados profesionalmente, por lo que las zonas de regadío sufrieron una considerable reducción. Las villas del valle de Ricote pasaron de una intensa actividad hortofrutícola a convertirse en un erial yermo e improductivo. También supuso una gran pérdida de rentas en la Encomienda Santiaguista, perjuicio que queda muy bien reflejado en las exigencias de don Pedro de Toledo y Osorio (Marqués de Villafranca, el cual disfrutaba la Encomienda de Val de Ricote en el momento de la expulsión), sobre las décimas partes de las ventas de heredades dejadas por los moriscos, con el fin de ser recompensado por esta pérdida de rentas.

Para demostrar este gran perjuicio económico que supuso esta salida, podemos acudir a diversas fuentes, como por ejemplo las palabras del informe de Fray Juan de Pereda para el caso de Murcia: - (...) los de la ciudad de Murcia son muy interesados en que se quede esta gente ya por surtirse de ella en sus grangerias ya por las rentas, diezmos y frutos de que sus lugares les tocan (...) -. Así como, por la gran cantidad de quejas e informes favorables que desde Murcia se mandaron a la corte para evitar esta masiva deportación, todas inútiles ante la presión de los rigoristas del Consejo de Estado.

Otras consecuencias negativas para el valle de Ricote, son por ejemplo el aumento del bandolerismo ejercido por los huidos, las venganzas de los moriscos que regresaban contra sus delatores o las personas que los incluyeron en las listas, así como la aparición de grupos oligárquicos que dominaron los concejos antes ocupados por los deportados. Nuevas familias empezaron a gobernar las villas con oficios perpetuados por compra al monarca hispánico, resultando claramente beneficiadas por la deportación.